Ese domingo garuó horriblemente, de todas formas no hubiera ido. Sólo habíamos intercambiado unas cuantas palabras, gestos y miradas, conversaciones elocuentes de dos extraños en un andén, y al finalizar su viaje- bajaba en morris- resolví no intecambiar ningun dato personal y citarnos al siguiente domingo a la misma hora, en la misma estación, librando al destino un posible segundo encuentro. No es que fuera gran supersticioso, sino que mas bien creo nuestro encuentro fue producto del deseo de interaccion que uno puede llegar a sentir en la vía pública, y por lo tanto lo unico especial de nuestro fue que ambos lo hayamos manifestado, lo cual creo deberia suceder mas a menudo, y no por eso deberiamos entablar una relacion duradera con cada intruso con el cual se traba un dialogo casual, amistoso y hasta a veces insoportable, al transitar la calle.
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